Su popularidad reside precisamente en su potencial versatilidad. Actúa como analgésico, aliviando el dolor, como antiinflamatorio, y tiene efecto antipirético, que ayuda a disminuir la fiebre. Pero, como todos los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), el ibuprofeno también tiene efectos secundarios. Y no son pocos.
La Agencia Española de medicamentos y productos sanitarios advertía en un informe publicado en octubre de 2022 de los peligros de usar de manera prolongada y en dosis superiores a las recomendadas medicamentos que combinasen codeína e ibuprofeno. Los riesgos, explican, pasan por «casos de toxicidad renal, gastrointestinal y metabólica, algunos con desenlace mortal».
Pero entonces, ¿por qué llevamos tanto tiempo consumiendo este medicamento por recomendación de los médicos? La respuesta es, como con todo, la investigación. Hasta más o menos 2015, se creía que el ibuprofeno era uno de los AINEs (antiinflamatorios) que menos daños producía en el organismo, sin embargo, el estudio de tratamientos prolongados y con dosis más altas fueron desmontando el mito. Y con las investigaciones, se sumaron cada vez más efectos secundarios.
¿Qué efectos secundarios puede tener el ibuprofeno?

Encabezando las listas de efectos secundarios y advertencias sobre el consumo prolongado de ibuprofeno se encuentran los problemas estomacales. La explicación científica la daban ya en 1992 desde la Universidad del Noreste de Louisiana, «esta familia de medicamentos, los antiinflamatorios no esteroideos, liberan ácido carboxílico, que, en contacto con la pared estomacal, provocan irritación y úlceras gástricas». De ahí el famoso consejo de «no tomar ibuprofeno con el estómago vacío», ya que los alimentos pueden actuar como una barrera protectora ante este ácido.
¿Cómo afecta el ibuprofeno al corazón?
La enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en España y también en el mundo, y se relaciona principalmente con el colesterol, el tabaquismo, el sedentarismo, y la obesidad. Pero el consumo de ibuprofeno en altas dosis puede significar la gota que colma el vaso en el desarrollo de este tipo de enfermedades.
Así lo advertían en el año 2015 desde la Agencia de Medicamentos y Productos Sanitarios tras numerosos ensayos clínicos y estudios observacionales que confirmaban que «la administración de dosis altas de ibuprofeno (iguales o mayores a 2.400 mg/día) se asocia con un mayor riesgo de trombosis arterial».
Además, como en el estómago y según las advertencias de la Sociedad Española de Nefrología, el ibuprofeno puede ser tóxico también para el riñón por dos motivos: el primero es que produce lesiones crónicas en sus estructuras, y el segundo, porque inhibe la producción de algunas sustancias que intervienen en el mecanismo del dolor (así es como nos quita el malestar), como las prostaglandinas, que también sirven para mantener un buen flujo de sangre a través del riñón.
Fuente: 20minutos










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